miércoles, 19 de febrero de 2014

DE NUEVO ACERCA DE "LA" PSICOSIS

el lector debe considerar el punto de vista de el autor como plenamente comprometido en la causa de esclarecimiento de las dolencias, padeceres y sufrimientos no directamente corporales. El hecho que éste haya sido diagnosticado con diferentes patologías, medicalizado de una forma +o- torpe, e ingresado en momentos cuyos síntomas eran de "expansión", de flujo creativo y diversión con el entorno, no sin que su adaptación a éste sufriera grandes perjuicios; debe considerarlo -el lector- al margen de prejuicios y al margen de "lo bienpensante" que decía Baudellaire. No soy un dandy, y perdónenme si cambio la forma verbal, porque aquí sí debo defender no sólo 5 años de terapia freudiana muy exigente, una cultura fuera de lo común si avistamos al resto de diagnosticados, que por lo general se desentienden de las teorías más avanzadas y hasta de su sentido común y relegan el conocimiento de sí mismos a un profesional de dudosa formación, siento decirlo, proveniente de nuestro pasado franquista y que todavía halla cobijo - ese tipo de formación- en las facultades de psicología así como otras áreas de influencia sobre nuestro conocimiento de "lo mental", "lo caractereológico", "lo temperamental-personal de cada uno" e inclusive sobre las sensaciones y las percepciones de cada uno, llevando a cabo una visión excesivamente subjetivista, al tiempo que ejercen de jueces supremos de tu progresión vital, puesto que ¿quién pregunta antes de un ingreso si el susodicho lo desea? Así mismo el diagnóstico, como la medicación, en muchos momentos abusiva, sobra y debemos tomar cartas en el asunto. Desconozco el modus operandi de la antipsiquiatría, si se pueden mejorar sus visiones o puntos de vista y en que medida los estudiantes de ahora mismito, al leer esto, pensarán en mí no sólo como un hombre inteligente sino como, además, un hombre sano. Me veo así: soy así, porque lo demuestro inclusive en ambientes asfixiantes, nada flexibles e, inclusive, autoritarios. Lo demás, lo supongo así, puede ser simplemente quién da más en la diana o, por otro lado, qué jerga se utiliza. Nada más.

Esta es mi advertencia teórica, y de paso, mi denuncia al modo de hacer las cosas, aclarando que los profesionales, salvo raras excepciones -de un lado a otro: gente homófoba, machista o en todo caso, dictatorial; y del otro: profesionales muy aplicados en escucharte, comprenderte a fondo, pero en todo caso, no tan dispuestos a comprometerse en tu entorno, con lo cual siempre habrá el peligro de entrar en otro círculo vicioso (véase la familia neurótica, el paro estructural de nuestro sistema, el abuso o mezcla de sustancias, etc.)- son gente muy torpe a la hora de encarar a una persona en tratamiento, tenga el diagnóstico que tenga, puesto que en la mayoría de casos son desajustes de gente sana (ansiedad, estrés...), o rápidas recuperaciones -lo que implicaría de facto la independencia con el tratamiento-, o gente con una forma de ver las cosas muy peculiar, con lo cual no hay terapia que valga pero sí consejos, cierto apoyo. ¡¿Realmente quiénes deberían ser tratados?! No niego que hay gente delirante o inadaptada en exceso, pero, en serio piensan que no es más grave una neurosis, y que hay que callar ante ésta, ¿de verdad darle alas a determinadas personas enfermas que vuelcan sobre el mundo sus traumas de una forma mucho más nociva? ¿no piensan que el único mal social contraído por ciertas psicosis es tan sólo por omisión y no por negligencia, es decir, el no ser tan trabajadores, tan sumisos, etc.?

Dicho todo esto, quizás pierde interés "reincidir" en el análisis de las psicosis. No obstante, el autor quiere hacer hincapié en nuevos factores no tratados ni en el blog Marques de Babel ni en POLITICA Y ESQUIZOFRENIA. Allá vamos:

Lo común a las psicosis, considerándolo desde un punto de vista no-congénito (se niega de antemano que constituya un problema biológico o inclusive de gestación de ese posible afectado de psicosis), de un modo, digámoslo así: personal -en otro momento se puede tratar de un modo social e inclusive cultural- vienen a ser los síntomas, sean resueltos adaptativamente al entorno y/o mediante una creatividad productiva no exclusivamente artística; o bien sean tratados o no y por extensión, diagnosticados o no... en el primero de los casos, por así decirlo, la "diosa fortuna" le permitirá resolver ciertos síntomas -que desgranaremos más abajo- mediante un desembolso de dinero o mediante alguna institución pública o alguna asociación de "enfermos mentales" -aquí el entrecomillado muy muy adrede- si es que esa diosa fortuna se deja caer por tu localidad en forma de profesionales que le dediquen tiempo, estén preparados terapéuticamente y, además, alguno de ellos puede "ponerle en marcha" y/o de vuelta al mundo de los estudios y/o al mundo laboral.

Inciso: trataremos detalladamente los síntomas comunes a  las tres psicosis posibles, puedan derivar en desmayo catatónico o no. Pero antes debemos hacer hincapié en una gran injusticia social: mientras que muchos psicóticos han presentado síntomas de este tipo y los han resuelto, pongamos el ejemplo más evidente, acentuando su compulsividad de un modo intrusivo, mediante la obsesión de educar en ciertos "valores" (que de paso son valores que no pueden mantener ellos mismos, no sólo por su carencia creativa en torno a las situaciones concretas, sino por prejuicios muy evidentes en estos casos derivados de la subordinación a un jefe, sin que el sujeto en cuestión tenga una rebeldía racional, y la violencia familiar que queriendo o sin querer ejercen y sostienen); mediante su machismo obsceno en otros casos donde la mujer es trágicamente torturada); con su señoritismo tan el alza en países, hablemos claro, de economía capitalista, donde, de paso, hay cierto arraigo de la "prensa rosa", del "chismorreo" y los "chismecitos"...

Quiere decir que los "bajones" de la gente sana, lo aparenten o no, son diagnosticados, medicalizados o incluso internados en lo que viene a ser, según su justificación más extendida -la de los profesionales de este "sector"-,  como la forma de descanso, recuperación... ¡y en ocasiones hasta curación! Una cosa es cierta: hay gente sana que logra salir de su tristeza, de su apatía, de sus bloqueos, de su(s) confusión(es), así como otros problemas mediante su propia iniciativa y/o por su entorno más entrañable. Eso no justifica que  a un neurótico, sabiendo la implicación social que contiene el hecho de su influencia institucional a raíz de pensarse tan sólo su acorazamiento caracterial, es decir, que simplemente sea incapaz de amar como sí ama una persona sana o un psicótico en periodo de recuperación/tratamiento y no digamos ya en ciertos periodos de su vida anímica o totalmente recuperado... ¿pero recuperado de qué? Ahora lo diremos.

El síntoma más común del psicótico es el ensimismamiento, entendido por el centramiento, sobretodo involuntario -aunque se logra dominar- de éste en sus recuerdos y fantasías -a veces también sueños y en otras ocasiones algo que podríamos llamar como psicodrama desordenado o teatrillo espontáneo-. Esto se puede desarrollar de acuerdo a la extendida expresión de "hablar sólo", aunque, planteado con más rigor, sin esa retrógrada moral bienpensante a la que puede pertenecer el psiquiatra y el resto del equipo médico, podemos llamar libre expresión del cuerpo a algún pensamiento propio, particular, que acaece sin voluntad de diálogo ni conversación con el otro. Si bien es mucho más fácil de simplificar, también para el "sentido común" de las personas que, sanas o neuróticas, no tienen este tipo de vivencias, llamarlo ensimismamiento, desprovisto de ningún juicio moral, de ningún tipo de diagnóstico a priori -como esquizofrenia, que es la denominación más clásica para la psiquiatría, así como otras denominaciones de la vox populi como "ido", perdido, ausente del mundo- vendría a ser un avance, si se aplica bien y a cada caso en el tratamiento. Me explico: alguien que haya estado ensimismado, es alguien que por fuerza ha vivido intensamente -por sus recuerdos-, o quiere vivir intensamente -por sus fantasías-, que quiere tomarse su tiempo para recordar sus sueños o bien quiere sacar afuera de sí cosas que la sociedad tiende a censurar; también puede ser alguien muy creativo. ¿Qué puede haber de "malo", de "mejorable" o, llegado el caso "medicalizable" en personas que muestren este síntoma? No podemos argüir otro motivo que el hecho de que la calidad de vida de éste se vea mermada por tal ensimismamiento: que rechace a sus amigos y seres queridos o que no pueda/quiera trabajar. Este debe ser el único baremo: hasta qué punto domina o no el sujeto el contacto con el mundo exterior y, a su vez, con ese mundo interno que le dota de más riqueza a su vida. Nunca se debe partir de la base que una personalidad muy hecha a la conversación y la atención como es la de los profesionales de este campo, es el modelo para todo el mundo. Hay diversas formas de personalidad sana, y de ahí que en algún momento pueda haber afirmado, yo, quien esto escribe "que se pueden dar casos de psicosis sanas", ya que al parecer ciertas conductas no dañinas se contemplan como patológicas. Y es esta valoración psiquiátrica la que es dañina.

El siguiente síntoma de un psicótico, por importancia es el retraimiento, con una diferencia significativa con respecto al anterior, y es que en este caso, con un motivo racional más o menos justificado y desarrollado por miedo a..., por simple hastío, etc. la persona en cuestión no quiere mantener conversación o compañía de ciertas personas o del total de su entorno. Evidentemente, en este caso, si hubiera un trato justo, profesionalmente hablando, se trataría no tanto de elaborar el pensamiento sino de cambiar de vida. Lo mismo se puede decir -en cuanto al tratamiento- a grandes rasgos de los otros síntomas que no entraremos a analizar aquí, pero sí son de más gravedad si se presentan de continuo: pensamientos confusos/actitud insegura y pensamiento/discurso disfuncional (de evasión, de rabia incontrolable, etc.)

lunes, 26 de agosto de 2013

SUPONGAMOS QUE NECESITAS UN INTERMEDIARIO...



Supongamos que necesitas un intermediario para percibir la realidad, cosa que, así formulada un tanto genéricamente no es un supuesto sino ley de vida. Otra cosa es que necesites de un profesional para que las verdades de tu experiencia y, a través de ésta tu mundo más inmediato, cobren un sentido más ajustado con un proyecto humano, socialmente estructurado pero libre, basado en la responsabilidad y el placer. Llámenlo felicidad, o una búsqueda de la felicidad que no sea puntual o momentánea.
A estas alturas de la investigación psicológica, desde todas las corrientes de ésta, no se puede afirmar sin ser un hipócrita o un cínico que el ser humano ha nacido para sufrir. Si alguien lo piensa con seriedad, caerán todos sus argumentos con tan sólo una experiencia propia de gran dolor… ¡minimizar el dolor! ¡maximizar el placer!... ¿y qué vamos a ser, unos planificadores en este juego macabro, que además no da los resultados que deseamos? Y por ende podemos tener distorsionado o errado la sensación de placer o de dolor… ¡egoístamente hablando!
Pero hablamos de que hay personas que sufren porque su percepción de la realidad ha sido distorsionada, o siempre lo ha estado, o bien su percepción es errónea, y no por una cuestión patológica, sino que, simplemente no se han tomado la molestia de informarse. También puede ocurrir que, sabiendo que algo es real, susceptible de ser interpretado, comprendido y explicado, no nos es útil puesto que este conocimiento no está en manos de la buena gente.
¿Se deriva de una percepción distorsionada o errónea, una conducta de tales características? Hay gente consciente de que esa percepción es de tal tipo y no lo llevan a la práctica, o se aseguran primero de que tal cosa es cierta antes de tomar medidas –o plantearse estrategias de afrontamiento-. Pero hay personas que pasan al acto, desesperada o felizmente; y esto hace sufrir a los que están a su alrededor, les preocupa, lógicamente, más que si se guarda sus pensamientos, los cuenta o los escribe. Es normal, por otra parte que la gente te vea “bien”, cuando simplemente estás “vacío”, “tendente a la tristeza”, porque simplemente estás maniatado, no sólo a tu puesto de trabajo, sino a otras instituciones como la psiquiatría. De forma que si cantas, silvas, te ríes con una gran carcajada ¡van a sospechar de ti! Tampoco es bueno el otro opuesto: la desesperación… ¡puede indicarnos que algo no funciona! Y no hablo sólo de la psiquiatría… ¡mucha conciencia de clase nos hace falta!
Si andas por la calle triste o rabioso, tienes básicamente las mismas oportunidades de que te pase algo que si andas más contento que unas castañuelas. La medicación te moderará el impulso a la alegría, no por el efecto químico, si no por su simbolismo: te tomas la medicación = estás controlado = tienes que seguir unas pautas. Si haces una vida normal (¡de acuerdo a lo que piensen otros que es normal!) te evitarás ingresos, talleres, consultas, etc… ¡puede hasta que te bajen la medicación! ¡y hasta que puedas hablar contigo mismo tú solito en tu casa gesticulando, sin que nada malo ocurra, pues estás al amparo de tu soledad autosuficiente!
… pues eso, además de necesitar un profesional para percibir la realidad… ¿percibir tan sólo? ¡qué modestas intenciones!... necesitarás otro para que puedas percibir cuales son las normas que guarda esa realidad. Todo ello con un estado de ánimo neutral. No está mal del todo: psiquiatra, psicólogo y demás profesionales se reparten el trabajo. Defienden su orientación académica, actuación conjunta y demás. No puede fallar nada en la cadena… ¿tanto miedo hay al error? ¿o sería más bien el miedo a reconocer ese error? ¡Creo que me estoy volviendo loco! ¿En verdad lo que falla no es algo ajeno en un principio a la propia psiquiatría y profesionales psi? Quiero decir, ¿hasta qué punto el diagnosticado es protagonista activo de su propio cambio y/o curación? ¿Vale la excusa de que, como la sociedad no es lo suficientemente democrática, nosotros tampoco lo seremos?
¿no podemos “probar” con una toma medicamentosa más abierta y que haga verdaderamente responsable a quién la toma, porque le favorece, le hace protagonista y aprende de sí mismo, de lo que necesita su cuerpo un día o una semana, etc.?

Yo no sé hasta qué punto esto es subjetivo, si generalizo demasiado diciendo que la psiquiatría no funciona como dicen que hace. Estoy ofendido y esto es real. El sufrimiento que soporto es, si no demasiado, lo suficiente como para plantearme el guardar mi rabia o no, o canalizarla a través de esto. Está claro, si dices que algo es objetivamente así, lo que estás diciendo es que no tiene discusión. Pero si dices que es subjetivo, quizás estás diciendo que hay total “libertad” para que uno piense lo que quiera… ¡¿y bien?! Pues puedo decir que me gustaría que me creyeran cuando digo esto o aquello, sobretodo gente inteligente que no se mira todo el día el ombligo

lunes, 1 de abril de 2013

¡TÁPATE LOS OÍDOS, PEQUEÑO NEURÓTICO!



¿Los tienes bien tapados? Debo aclarártelo: no es una orden de esas que das tú, ni siquiera es un consejo: tus oídos deben habérsete cerrado ya hace mucho tiempo… ¡pero nunca es tarde! (y si hace falta no me disculpes la ironía).
¿Estuviste atento cuando me dirigía a ese gran o pequeño esquizo/psicótico? ¿ni te inmutaste? Sé que no te viste reflejado, pero, ¿sentiste la más mínima empatía, o deslizaste tus sentimientos hacia una ambigua incomprensión, mientras a tu lado estos que sí escuchaban, quizás esperaban una rectificación por tu parte, que te sinceraras y finalmente aliviaras su carga? ¡Mejor no te enfrentes a un paranoico agresivo. Podría hacerte daño, incluso a ti que aparentas ser una roca, que a veces sólo sacas tu humanidad si es a la contra: con las injustas condiciones donde trabajas, con todos los desastres que se ven en la tele… realmente no eres un neurópata, lo tuyo es más ocasional y quizás ni se te ocurriría pensar que un guerrillero que mata y da la vida por ti es tal: ¡rehuyes la cuestión de la violencia, porque no la dominas para nada… ¡¿cómo vas a teorizar si torturas a veces a los demás y ni te das cuenta?! Como todo, puedes parcelar el terreno –o dejar que lo parcelen por ti- para herir en tu familia o herir en tu trabajo, para no saber qué hacer con tu rabia si dañan a un ser querido, para no saber qué hacer cuando te dañan… ¡cómo vas a tener una posición coherentemente pacifista!, ¡cómo plantear en su justa medida la violencia física y verbal allí donde tú no niegas la propiedad privada de facto –de aquellas cosas que debieran ser públicas/colectivas-, donde encadenas a tus hijos de un modo u otro, donde el estado te golpea y tú sangras literal o figuradamente. Ninguno de ustedes puede tener clara la cuestión, por mucho que haya leído, puesto que ofenden, maltratan, dañan, en definitiva ¡y no se dan cuenta! Por eso no son perversos, porque no hay una intención, no hay voluntad de herir, PERO ES ALGO QUE NO INVITA A AMAR Y A PERDERSE EN ESE AMOR QUE UN PSICÓTICO O UNA PERSONA SANA DESEARÍA MANTENER CON USTEDES.

Tengan en cuenta que un psicótico no es masoquista, que no va a estar allí cuando una de sus neuras fuertes haga acto de presencia y quieran castigarnos adrede, y que buenamente una persona sana podría mandarles a tomar viento fresco –que dicen que aclara las ideas-, y que en ese entramado en que se “enfrentan” inconsciencia de uno con inconsciencia del otro, ambos tenemos mucho que perder: el cariño que nos debemos, y mucho que ganar: establecer lazos más sanos, maduros ¡y plenos! No vale escudarse en un supuesto equilibrio o decir que los padres son neuróticos y así salen los hijos “esquizofrénicos perdidos”, así como no sería bueno que un padre esquizoide sustituyera a uno neurótico. ¡Ni siquiera vale la pena medir consecuencias!, pues no es buen plan.

Debemos conocernos, ¡pero conócete tú a ti mismo primero! ¡escucha tus propias palabras! ¡y respeta el turno! Pues quizás hay un ser cercano a ti, independientemente de diagnósticos, que te quiere elogiar y criticar, para mejorar todos… ¡vivir por fin una vida sana sin esa compulsión que no respeta el entorno: la felicidad o la tristeza de los otros, por lo que rara vez eres impulsivo o te autocontrolas; sin obsesiones que te impidan ser creativo: que te lanzan al ensimismamiento y una breve confesión verborrágica, cuando en verdad necesitas pausar el pensamiento: descansarlo; sin una histeria en que tú podrías ser protagonista sin necesidad de una generosidad que no merece el otro ¡o el egoísmo en que estallas cuando ves que tanta generosidad no ha dado sus frutos!

Perdóname entonces, pequeño neurótico si te digo “pequeño”, pues no he visto tu grandeza a la hora de la verdad. No la he visto, pero cuando la vea, en toda la dimensión que requiere, ten por seguro que me alegraré, haré lo posible porque no vuelvas a caer en el vacío de ti mismo y en como buscabas torpemente en los demás, sub-sanar lo tuyo…

miércoles, 13 de febrero de 2013

SOBRE PSICOANÁLISIS (artículo de Graviela Avram)

Respuesta a El libro negro del psicoanálisis


REVISTA NOTICIAS * Viernes, 6 de abril del 2007.
por 
Graciela AvramAutora de Terapias y Terapeutas.El fin del psicoanálisis no ha tenido lugar (Grama Ediciones, 2005).


Un conocido espectáculo que lleva décadas se presenta como “La nostalgia está de moda”. En el caso de los supuestos innovadores que pretenden tirar por la ventana al psicoanálisis, habría que decir que lo que está de moda no es la nostalgia sino vender cosas viejas.
Su posición no es la del antropólogo inocente o la del científico riguroso, sino la de seguir anotando páginas en una mitología tan vieja como el mundo: sostener el ideal de la psicohigiene del amor humano, el ideal de la autenticidad como posible y la preceptiva de no dependencia. Una suerte de profilaxis de la dependencia.
¿Se reduce el aporte del psicoanálisis a la elaboración de una mitología más creíble, más laica que la que se presenta como revelada?
Jacques Lacan recuerda en su seminario de la Ética que, ciertamente,Freud no duda, tampoco Aristóteles, de que el hombre busca la felicidad, que ese es su fin. Pero lo decisivo es que para esa felicidad, dice Freud, absolutamente nada está preparado en el macrocosmos ni en el microcosmos. Este es el punto totalmente nuevo.

En primer término, cabe recordar que un psicoanalista no es un señor con barba fumando habanos mientras garrapatea anotaciones furtivas a espaldas de un caballero con recursos, tendido en un diván.
Ni una señora con tailleur de Armani que mira perpleja a una paciente aburrida, mientras pregunta: “¿Y a usted qué le parece?”. La reducción a la caricatura es un artilugio clásico para ridiculizar lo que se ignora, por intereses que han entrado en competencia.
Es verdad, como afirma Catherine Meyer (editora de “El libro negro del psicoanálisis. Vivir, pensar y estar mejor sin Freud”) que “los psicoanalistas ocupan una posición dominante en el universo de la salud mental”, sólo si se entiende por dominante que ninguna “terapia” o casi ningún discurso pueden prescindir del recurso al psicoanálisis.
No es privilegio de Francia o la Argentina, como asegura Meyer, sino que en los Estados Unidos Freud también ha calado tan hondo en la retórica popular que basta mirar cualquier site.com actual o película hollywoodense para detectar la presencia del psicoanálisis.
Pero esto no parece ser un problema mientras se lo pueda seguir usando para componer desde guiones cinematográficos hasta papers para literatos que arman su tesis y filósofos que entretienen a la opinión pública.
El verdadero problema se presenta cuando los psicoanalistas dejan de ser una caricatura de Woody Allen para emerger como lo que verdaderamente sonaquellos que no están dispuestos a cargar con la miseria del mundo en general, pero sí a responder a los que se acercan con sus tristezas, sus desesperaciones, sus dilemas, y tienen alguna intención de afrontar lo que les pasa, en vez de acallar su situación con pastillas o adiestramientos para replicantes de ciencia ficción.
Porque no son historias felices las que un psicoanalista escucha.
“¿Exploración indefinida o cura de las mentes con problemas? ¿Disciplina reina del conocimiento de sí o método terapéutico? ¿Desarrollo personal o terapia? Los psicoanalistas han sabido aprovechar esta ambigüedad notablemente”, asegura el psiquiatra francés Jean Cottraux en el Libro Negro, apelando a un interlocutor genérico, quien le respondería que el psicoanálisis es, en definitiva, un “conócete a ti mismo”.
Seria quizás más interesante saber de qué ambigüedad se aprovechaCottraux como director de la Unidad de Tratamiento de la Ansiedad delhospital de la Universidad de Lyon.
Porque los psicoanalistas también están en los hospitales, en las escuelas, en los centros de discapacidad, en los manicomios, en los grupos de emergencias urbanas, en los centros de recuperación de adictos y en todo lugar donde la desdicha mental se pasea. Muchas veces gratis o por un modesto salario, cubriendo equipos enteros de la desmantelada Salud Mental del Estado.
Que los analistas cobren sólo puede ser un escándalo para aquellos que sufren por no poder capturar hasta el último excedente monetario del consumo o para quienes se sientan culpables por ganarse la vida de algún modo.
¿O acaso puede haber alguna comparación entre lo “que gana un psicoanalista que se explota a sí mismo y la acumulación salvaje de los emporios farmacéuticos cuyos chalecos químicos, a la hora de curar, tienen también efectos inciertos?
Pero el psicoanálisis curaNo cura la estupidez, ni tantos otros males. No cura el hambre ni la pobreza, pero cura aquellos que en particular ya reconocen un sufrimiento mental, cuando se dirigen a un psicoanalista.
Tengamos en cuenta que la buena voluntad del médico no bastaría para curar a un enfermo que no tomara los antibióticos recetados.
Freud le importaba poco si el paciente creía o no en el dispositivo analítico, confiaba en la efectividad de su método, y lo invitaba a quien fuera a probar su práctica. Sin duda, no curó a quienes no se entregaron a ella, lo cual dice a las claras que no es una práctica para todo el mundo.
No se trata del precio, sino de que alguien se preste a la experiencia, ya que no es suficiente con visitar a un psicoanalista para que la misma sea efectiva.
Freud proponía al paciente desplegar un saber desconocido que estaría en la causa de sus padecimientos y, por supuesto, sólo era un medio para la resolución de síntomas. Porque también están los que no suponen ese saber, y por lo tanto no pueden acceder al mismo.
Esto no atañe sólo a los pacientes. Hace algunas décadas el doctor Ricardo Musso enumeró una serie de terapias derivadas del psicoanálisisterapias de inspiración psicoanalítica, como le gusta llamarlas a Meyer.
Pero una terapia de inspiración psicoanalítica no es psicoanálisis, y estas múltiples terapias han sido ya olvidadas o recicladas con distintos nombres. Las TCC (terapias cognitivo-conductuales) se venden como nuevas, pero tienen mucho del conductismo tradicional -que es un método de reeducación cuyos efectos duran lo que cualquier sugestión dura- y nada de las ciencias cognitivas a las que aluden.
Por otra parte, los “novedosos” aportes de Borch-Jacobsen y de Van Rillaer -también presentes en el libro negro son escritos que tienen años ycuya novedad responde más a una política sanitaria que a la eficacia de una práctica.
Michel Foucault plantea que la medicalización es una de las estrategias del poder; de los que deciden cómo se considera lo que es patológico o disfuncionalcómo se lo categoriza, se lo nomina y cómo se implementan los modos oficiales de tratarlo y controlarlo. Esto último, muchas veces, en el peor sentido.
Pero las nuevas nominaciones no parecen traer mejores soluciones. Es decir, que no se trata de que nuevas soluciones obligan a reformular el problema, sino que se reformulan los términos del problema para adaptarlo a una supuesta solución.
Porque es un hecho que en el campo de lo mental es muy poco lo que se sabe de la complejidad que parecería tener esa sofisticada máquina que es el cerebro, y de los modos de incidir sobre ella.
El psicoanálisis está lejos de solucionar estos problemas. Y, por supuesto,las investigaciones anatómicas y químicas no son de su competencia.
“El inconsciente es un supuesto que no tiene otra función que la de llenar la brecha entre el cerebro y la vida anímica“, escribía Freud en 1915. Pero el psicoanálisis tiene la gran virtud, entre tantas otras, de no suponer que se trata de un aparato simple.
Freud introduce la advertenciamás allá de cierto hermetismo fantasmagórico que puedan evocar algunos de sus términos o los deJacques Lacan, de que el funcionamiento mental es algo muy complejo y profundamente opaco.
No cree que lo mental esté producido por una maquinaria sencilla y, por lo tanto, está lejos también de plantear que la solución pueda serlo.
La transformación de un organismo por la incorporación de modificadores químicos es algo tan viejo como la civilización.
Freud no lo ignora, e incluso plantea que para muchos es la solución más próxima.
El opio, el peyote, el alcohol y un sinnúmero de drogas localessegún cada región y comunidadfueron y siguen siendo la solución inmediata al “malestar en la cultura”esa discordancia con la realidad que algunos llaman exterior.
Entonces, lo que hay de nuevo es la tecnificación, la industrialización y la medicalización de viejas prácticas tanto como de viejas sustancias en manos de nuevas estrategias de poder que, a decir verdad, también son bastante viejas.
Pero parecería que el poder genera cada vez soluciones más sofisticadas al amparo del discurso científico, y las instrumenta para la forma de vida que quiere imponer como norma general.
Después de todo, la globalización, quizá, no sea más que una nueva nomenclatura para designar el hecho de que cada vez se llega más lejos y en menos tiempo a incidir con la técnica sobre los organismos.
Freud, también en “El malestar en la cultura”, un texto mayor segúnLacan, introduce el tema del dominio de la naturaleza como otra de las salidas al malestar. No sabemos si sospechó el alcance que esto tendría y el encuentro de estas dos soluciones: la del dominio de la naturaleza a través de la técnica, en tanto modificación del organismo mediante agentes químicos industrializados.
El psicoanalista e investigador Germán García, por su parte, al referirse a las ciencias cognitivas, aclara que no se trata de “una” ciencia sino de un pool de disciplinas que ya lleva más de cincuenta años, y que tienela función de heredar y traspasar los limites de lo que fue el conductismo y la psicología conductista.
La gran pregunta que se plantea es si lo ha logrado, y podemosresponder que no. Ya que lo que sigue presente es cómo manipular los cuerpos para hacerlos obedecer a requerimientos creados por los imperativos de la época.
Esto no es un llamado al oscurantismo o a que todo tiempo pasado fue mejor, ni a la negación de la verdaderas innovaciones.
Simplemente se trata de no comprar cosas viejas con etiquetas nuevas. Productos vencidos a los que se les cambia la fecha para seguir vendiéndolos. Ya Warhol mostró que el packaging es más importante que el producto.
En lo que respecta a la química, sabemos que los avances son muy limitados en relación a los problemas mentales habituales.
Y en cuanto a las terapias verbales que se presentan como superadoras del psicoanálisis, suelen ser refritos de un freudismo mal leído y peor practicado, cuando no encontramos la supuesta innovación bajo la figura de las TCC cuyos programas de adiestramiento no conducen a la singularidad de cada uno y cuya eficacia, aún para los modestos propósitos que sus seguidores declaran, tampoco está probada.
Es decir que la política orientada a reducir lo más particular de un sujeto a una patología válida para todos, medible, localizable y objetivamente comprobable, es otro intento de captura por parte del mercado a través de diversas maneras: o bien vendiendo soluciones inexistentes para beneficio de los laboratorios, o bien tratando de conducir a los sujetos a prácticas de condicionamiento rápido al servicio de necesidades creadas por los intereses dominantes.
Si los Servicios de Salud y las empresas de medicina prepaga hanencontrado la posibilidad de obtener el mayor rédito al menor costo, a expensas de los profesionales de la salud y de los pacientes, esto no es a causa de la ineficacia del psicoanálisis, que sigue siendo la teoría y la práctica más seria y mejor fundada, a pesar de sus límites.
Se debe, en cambio, a que lo que se llama el avance de la ciencia no parece haber resuelto el misterio de la vida anímica, que no es otro que el de la vida misma.
De todos modos, saludo la aparición de El libro negro del psicoanálisis.
Los opositores, sin duda, colaboran a la renovación del debate al que elpsicoanálisis siempre está dispuestoesperando que los “misterios”, que tanto parecen molestar a los autores de este libro, sean alguna vez develados.